La persona cuidada no hace nada.
No instala una app, no carga una batería, no aprieta un botón, no lleva nada encima. El teléfono queda en la habitación y vela solo. La dignidad empieza por no pedirle nada a quien cuidás.
CUIDADO PRIVADO · IA EN EL DISPOSITIVO
Velia convierte un teléfono Android en desuso en un Guardián con visión por computadora que vela por tu mamá o tu papá: presencia, rutina y avisos a la familia. La IA de detección corre dentro del teléfono — el video jamás se guarda, y viaja cifrado de punta a punta: ningún servidor, ni el nuestro, puede mirarlo.
No instala una app, no carga una batería, no aprieta un botón, no lleva nada encima. El teléfono queda en la habitación y vela solo. La dignidad empieza por no pedirle nada a quien cuidás.
La IA de detección corre entera dentro del teléfono. El modo por defecto es solo-avisos, sin imagen. Si pedís ver en vivo, el video viaja cifrado de punta a punta entre los teléfonos — nunca se guarda, y es ilegible para cualquier servidor en el medio, incluido el nuestro. No es una política que podamos cambiar: es cómo está construido.
El Guardián es un Android que ya tenés guardado. En casa, sobre tu propio WiFi, Velia es gratis para siempre. Para cuidar de lejos, US$9,90 al mes — frente a los cientos de dólares al año que suele costar un botón de emergencia con contrato.
Velia no manda video a la nube para que un modelo remoto lo mire. El modelo vive en el teléfono. Esto es lo que hace, en tiempo real, sobre el borde:
Una red neuronal de visión sigue la postura de la persona a varios cuadros por segundo — de pie, sentada, recostada, en el piso. Del cuerpo lee posición, no identidad.
Con los días, Velia aprende dónde está el piso, la cama, las puertas de esa habitación. Distingue “descansando en el sillón” de “en el suelo” sin que configures nada.
Dos Guardianes que ven la misma escena se corrigen. Si uno duda y el otro no ve nada raro, la alerta no sale. Menos falsas alarmas a las 3 de la mañana.
Ante un evento crítico — y solo si lo activás — un modelo más grande en la nube revisa un único fotograma y le muestra a la familia el tránsito del susto al alivio. Ese fotograma se descarta, jamás se guarda. El único píxel que sale del teléfono, y sale con tu permiso.
La IA describe presencia y rutina; nunca diagnostica. “Se levantó a las 8:12” ✓ · “tiene una infección” ✗.
Cada punto está probado en hardware real o corriendo en la app hoy. Presencia y rutina son el corazón; las caídas son un esfuerzo adicional, nunca una garantía.
Estimación de pose corriendo local en un Galaxy S20+, una noche entera sin reinicios ni recalentamiento.
VERIFICADOSi nadie atiende, Velia reinsiste a los 3 minutos y sube a 🆘 a los 8. El primer familiar que responde corta la cadena para el resto.
VERIFICADOCuando querés mirar, ves en vivo — punto a punto entre teléfonos, sin escala en la nube. Varias habitaciones desde una sola pantalla.
VERIFICADOUn resumen sereno de cómo pasó la noche, redactado en el idioma de cada familiar. Sin abrir el video.
VERIFICADOVarias habitaciones, varias casas, varios familiares mirando por turnos. Cada quien con su acceso.
VERIFICADOUn botón grande para hablar con quien cuidás — y cuando la familia escucha, la persona lo sabe en su teléfono. Reciprocidad, no vigilancia.
VERIFICADOSi se corta la luz, al volver el teléfono retoma solo en 60 a 90 segundos. No hay que tocar nada.
VERIFICADOLa app ya habla español, inglés, portugués, alemán, francés e italiano. Cada familiar, en el suyo.
VERIFICADOSin instalador, sin técnico, sin cables nuevos. Un teléfono viejo y tu WiFi.

Ese Android guardado se vuelve el Guardián. Lo enchufás en la habitación y queda velando.

Vinculás tu teléfono (la Familia) en persona, con un QR. La llave de la casa nunca viaja por internet.

El onboarding pide el consentimiento de la persona acompañada. Desde ahí, recibís avisos y podés mirar cuando haga falta.
Todo el cuidado dentro de tu casa, sobre tu propio WiFi. Sin cuenta paga, sin servidores.
El mismo cuidado cuando no estás en casa: avisos y video en vivo desde cualquier lugar.
Un botón de emergencia con contrato suele costar entre US$600 y US$1.000 al año, y solo funciona si la persona lo lleva puesto y lo aprieta.
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