Botón, reloj, sensor o cámara: qué hace bien y dónde falla cada uno
Las cuatro formas de detectar una caída, con el defecto de cada una puesto adelante. Sin ganador: la que sirve depende de la persona y de la casa.
Hay cuatro tecnologías que se venden para lo mismo: que alguien se entere si tu madre o tu padre se cae estando solo. El botón colgado del cuello, el reloj con detección automática, los sensores de movimiento y las cámaras.
Ninguna gana. Cada una resuelve bien una parte y falla en otra, y cuál te sirve depende de cosas bastante poco técnicas: si la persona acepta llevar algo encima, cómo es la casa, y quién está del otro lado para atender el aviso.
Ninguna evita la caída, además: todas intentan acortar el tiempo en el suelo, los minutos u horas entre que alguien se cae y alguien se entera. Y todas fallan de las mismas dos maneras — no avisar cuando pasó algo, y avisar cuando no pasó nada. La primera se paga entera la noche que importaba; la segunda se paga lento y por eso engaña: tres falsas alarmas y la familia baja el volumen. Un sistema apagado detecta cero.
El botón colgado del cuello
Es el único que no interpreta nada: si se apretó, es porque la persona decidió pedir ayuda. Funciona a oscuras, funciona en el baño, y suele venir con alguien atendiendo del otro lado.
Falla porque necesita dos condiciones a la vez: que lo lleve puesto y que pueda apretarlo. La primera se rompe sola: mucha gente se lo saca para dormir y para bañarse. La segunda se rompe en el escenario peor: una caída que deja a alguien aturdido o con el brazo inmovilizado no se resuelve apretando. Y hay una falla que no es técnica: bastante gente no lo aprieta aunque pueda, por no molestar a nadie a las tres de la mañana.
El reloj con detección automática
Resuelve la mitad de lo anterior: el apretar. El acelerómetro detecta el impacto y el aviso sale solo. Va encima del cuerpo, así que también cubre fuera de casa, donde ningún sensor ni cámara llega.
Pero sigue habiendo que llevarlo puesto, y además hay que cargarlo: el rato de carga suele caer de noche, que es cuando más falta hace. Y el mecanismo tiene su límite — un acelerómetro detecta impactos, no caídas. Una caída lenta, como resbalarse de una silla hasta quedar sentado en el piso, puede no generar el pico que el algoritmo espera; un golpe fuerte de la muñeca contra la mesa, en cambio, se le parece bastante.
Los sensores de movimiento
No se llevan encima. Nadie tiene que acordarse de nada ni cargar nada, y no hay imagen de nadie en ningún lado: es la opción que menos le pide a la persona cuidada.
Pero no ven personas, ven movimiento. No distinguen "está durmiendo" de "está en el piso": solo saben que hace rato que nada se mueve. Trabajan por ausencia, y la alerta llega cuando la rutina ya se rompió — horas, no minutos. Son lentos por diseño para una caída. Además se confunden fácil: una visita o un gato alcanzan para que todo parezca normal.
Las cámaras
Es la única categoría que puede distinguir "no se mueve" de "está en el piso", porque mira la escena en vez de inferirla. De esta tenemos números propios:
- Sin luz no hay nada. Dejamos un teléfono velando una habitación a oscuras una noche entera: 540 minutos, luminosidad máxima 0 sobre una escala de 0 a 255, cero personas detectadas. No es el modelo — sin luz no hay imagen que analizar.
- La postura estática dice menos de lo que parece. En nuestras mediciones, una persona de pie se detecta con confianza mediana de 0,702 y aparece en el 97,8% de los fotogramas; en el piso baja a 0,339 y al 11,8%.
- Sentado en el suelo y caído en el suelo se parecen demasiado. Nos costó dos falsas alarmas con alguien sentado en un puff: la silueta es casi la misma, y lo que las separa no es la postura sino lo que pasó justo antes.
- Solo ve lo que encuadra. El pasillo y el baño no existen para una cámara.
Y queda la objeción que no es técnica: es una cámara en la casa de tu madre. La pregunta es dónde se procesa el video y qué sale de la casa.
Cómo elegir sin que haya un ganador
- ¿Qué le pide a la persona cuidada? Todo lo que hay que acordarse, cargar o llevar encima falla algún día.
- ¿Qué hace a las tres de la mañana con la luz apagada? La respuesta útil es una medición, no un adjetivo de folleto.
- ¿Qué pasa cuando se equivoca? Cómo se cancela una falsa alarma, y qué escucha la familia mientras tanto.
- ¿Quién recibe el aviso, cuánto tarda en llegarle y qué hace después? Un aviso sin nadie del otro lado no es detección.
Y algo que casi no se dice: no son excluyentes. Lo que se lleva encima cubre la calle; lo que está fijo en la casa cubre las horas en que nadie lleva nada puesto.
Qué hacemos nosotros, y qué no
Velia está en la cuarta categoría. Convierte un teléfono Android que ya tenés en una ayuda de cuidado que analiza la imagen en el propio teléfono y genera avisos de posibles caídas como asistencia de mejor esfuerzo. No almacena video; el video en vivo solo viaja cifrado cuando una persona autorizada lo abre. No le pide nada a la persona cuidada: nada que llevar encima, nada que apretar, nada que cargar de noche.
Hereda los defectos de su categoría, así que los decimos acá y dentro de la app: sin luz no ve, y cuando pasa lo dice en pantalla en lugar de mostrar que todo está bien. Avisa a tu familia, no a un centro de monitoreo atendido las 24 horas, y no es el reemplazo del botón de emergencia de quien ya tiene uno y lo usa.
Elegir bien es saber qué falla. Por eso publicamos lo nuestro.
Conocé si Velia encaja en tu casa
Revisá cómo funciona este caso de uso, sus límites y qué necesitás antes de instalar la app.
Entender el enfoque de mejor esfuerzo de Velia